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HomelabProxmoxSelf-hosting

Monta tu homelab con Proxmox sin arruinarte

Un mini PC de segunda mano, Proxmox y un par de tardes. Todo lo que dejas de pagar en servicios cuando tienes tu propio servidor en casa.

Ismael Catala4 min de lectura

Llevo tres años con un homelab en casa y sigo pensando que es la mejor compra que he hecho como desarrollador. No por ahorrar —que también—, sino porque tener un servidor propio te obliga a entender cosas que en la nube quedan escondidas detrás de un botón.

Qué hardware hace falta de verdad

Menos del que crees. Mi primer nodo fue un mini PC de oficina reacondicionado: un i5 de octava generación, 16 GB de RAM y un SSD de 500 GB. Costó menos que tres meses del VPS que estaba pagando.

Las prioridades, por orden:

  1. RAM. Es lo primero que se acaba. Cada máquina virtual se come la suya y no la suelta. Con 16 GB vas bien para empezar; con 32 GB dejas de pensar en ello.
  2. SSD, no disco mecánico. Media docena de contenedores arrancando a la vez sobre un disco de platos es una experiencia deprimente.
  3. Consumo. Esto va a estar encendido 24/7. Un equipo de 15 W frente a uno de 90 W son unos 80 € de diferencia al año en la factura.

Lo que no necesitas: rack, hardware de servidor, ECC, ni dos fuentes de alimentación redundantes. Eso es para cuando el hobby se te vaya de las manos.

Por qué Proxmox y no Docker a pelo

Podrías instalar Ubuntu y tirar de docker compose. Yo empecé así y acabé migrando, por dos motivos.

El primero son los snapshots. Antes de tocar algo, un snapshot. Si la lías, vuelves atrás en quince segundos. Con Docker sobre metal desnudo, cuando rompes el sistema operativo lo rompes para todo.

El segundo son los contenedores LXC. Proxmox te deja levantar contenedores de sistema que se comportan como máquinas completas pero pesan como un contenedor. Un LXC de Debian con 512 MB de RAM te sirve perfectamente para correr un servicio pequeño.

Mi reparto de máquinas

VM 101  ·  Docker host        ·  4 GB   ·  servicios en contenedores
VM 110  ·  Home Assistant     ·  2 GB   ·  OS oficial, sin tocar
LXC 117 ·  Coolify            ·  4 GB   ·  despliegue de mis apps
LXC 120 ·  Nginx Proxy Manager·  512 MB ·  entrada única + certificados
LXC 130 ·  Backups            ·  1 GB   ·  restic contra almacenamiento externo

La clave está en la última línea. Un homelab sin backups no es un homelab, es una bomba de relojería. Yo tardé un año en aprenderlo y me costó perder la base de datos de Home Assistant con dos años de histórico.

Los tres errores que cometí

Exponer servicios directamente a internet. Abrí el puerto 8123 al mundo para acceder a Home Assistant desde fuera. Dos días después tenía los logs llenos de intentos de acceso. Ahora todo pasa por un único proxy inverso con certificado, y lo que no necesita ser público va por VPN.

No documentar nada. Seis meses después no recordaba qué IP tenía cada máquina ni por qué había abierto cierto puerto. Ahora tengo un README.md en un repositorio privado con el mapa completo. Cuesta diez minutos y te ahorra tardes enteras.

Actualizar todo a la vez. Si actualizas Proxmox, el host de Docker y los contenedores el mismo domingo, cuando algo se rompa no vas a saber qué fue. Una cosa cada vez.

¿Merece la pena?

Si solo buscas ahorrar, la respuesta honesta es que depende: entre hardware y electricidad, un homelab tarda entre uno y dos años en amortizarse frente a un VPS pequeño.

Pero si lo que buscas es entender cómo funciona de verdad la infraestructura que usas todos los días, no hay curso que se acerque. Cuando se te cae un servicio a las once de la noche y tienes que arreglarlo tú, aprendes en una hora lo que no aprenderías en veinte vídeos.